miércoles, 10 de noviembre de 2010

....Tu tenias tres años y yo cuatro. Ante la puerta de mi casa había tres peldaños ; yo solía sentarme en el más alto y desde allí miraba como te esforzabas, durante horas, por trepar al primer peldaño, como caías y te levantabas una y otra vez. Yo ni siquiera te tendía la mano para ayudarte; quería que llegaras hasta mi  pero que antes sufrieras mucho....
Después de horas de esfuerzos, llegabas a subirte al primer peldaño, y entonces debías afanarte por encaramarte al segundo... Y luego, para llegar al tercero, donde yo estaba sentada, inmóvil, esperándote.
Después, me tomabas la mano, me tomabas la mano, Jesús. Entrabamos e íbamos a echarnos sobre las piedras del patio. Juntábamos las plantas de nuestros pies desnudos, sentíamos que el calor de nuestros dos cuerpos se mezclaba, que subía desde nuestros pies hasta nuestros muslos, desde allí hasta nuestros lomos y cerrábamos los ojos....

Niko Kazantzakis, "La Última Tentación"

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