"La pobre mujercita había perdido a su primer hijo. Casi enloquecida por la pena deambuló por las calles de la ciudad, pidiendo por algo, por alguien, que su hijo le fuera devuelto. Algunas personas se apartaban de ella compadecidas, otras la despreciaban y se burlaban, llamándola loca por creer que su hijo podía volver a la vida. Pero la mujer no podía consolarse, ni palabras ni razonamientos lograban aliviar su pena. Por fin, un anciano sacerdote, enterado de su profunda desesperación le mando llamar y le dijo:
"-Hay un solo hombre en el mundo que puede ayudarte, es el "Perfecto", el Buda que vive en lo alto de la montaña. Ve a verlo.
"La desolada madre, con el cuerpo dolorido y agobiada por la pena, ascendió lentamente por el dificil sendero de la montaña hasta que al dar vuelta en un recodo vio a Buda, sentado sobre una roca. Se prosternó ante el clamando:
"- ¡Oh! ¡Buda! ¡Vuelva mi hijo a la vida!
"El Buda levantó gentilmente a la pobre mujer y le dijo:
"- Baja a la ciudad. Recorre casa por casa y tráeme un gusano de seda de cualquier casa en la cual no haya muerto nadie.
"La joven mujer gritó alborozada y se dio prisa en bajar la montaña. Corrió hacia la primera casa y pidió
"- Buda desea que le lleve un gusano de seda de una casa donde no se conozca la muerte.
"- En esta casa -le dijeron-, han muerto muchos.
"Se dirigió a la siguiente donde le informaron:
"- Nos seria imposible decir cuantos han muerto aquí, porque como ves la casa es muy vieja.
"Así fue de casa en casa por toda la calle, de ahi a la siguiente y luego a la más próxima. No se detenía más que lo indispensable para descansar o alimentarse. Recorrió toda la ciudad, casa por casa, sin encontrar alguna a la que a muerte no hubiera visitado alguna vez.
"Lentamente retomó el camino de la montaña y volvió a encontrar al Buda como antes, sentado y meditando.
"- ¿Me has traído el gusano de seda? le preguntó
"- No, ni lo buscaré más; el dolor me cegó, por eso pense que mi pena y mi sufrimiento eran únicos.
"- Entonces, ¿Por qué has vuelto otra vez a mi? preguntó Buda.
"- Para pedirte que me enseñes la verdad.
"- Hay una sola Ley, para los hombres y para los dioses: TODO ES PERECEDERO."
Lobsang Rampa, "El cordón de plata"
La Sabiduria de los Textos Sagrados, es NO perecedera.
ResponderEliminarEstamos a tiempo, seamos el Amor dentro de cada uno de nosotros.